
Oscar no pudo asistir a la maratón de carpfishing, y estuvo toda la semana siguiente con los colmillos más largos que un elefante. Como un niño chico, todo el día pensando en la pesca, convenciendo a su padre y amigos para que volviesen a ir con él a pescar en el puente de mayo, y por supuesto quería ir al mismo lugar donde una semana atrás cogimos las 48 carpas.
Después de toda la semana preparando los aparejos, cociendo maiz (su padre lo coció casi todo) y todo lo necesario, llegó el viernes y a las 6 de la mañana estaban rumbo al Guadiana.
La mañana no se presentó muy buena, ya que pasaron unas horas y no cogían nada, pero a eso de las 11 de la mañana empezaron a sonar las alarmas.
Hubo dos picadas que no consiguieron transformarlas en capturas, pero sobre las 12 de la mañana pescó su primera gran carpa (5,500 kg), nada comparado con lo que pasaría por la tarde. Seguidamente vino otra carpa de unos 8 kg, y siguieron las picadas.
Hasta que el reloj marcó las 14 horas, hora que aprovechó una hermosa carpa para comer algo de maiz. Tanto tiró la carpa del sedal que hasta casi acaba con el hilo del carrete, unos 150 metros de sedal se llevó la carpa. Tardó unos 45 minutos en poder sacarla y sus dimensiones llegando a la orilla eran exageradas. Pesó 18,250 kg, algo impresionante para los que allí lo estaban divisando, unos lomos como un guarrillo...
Su padre, Don Felipe, tampoco lo hizo nada mal en esa jornada de pesca, capturando 3 carpas de 7 kilos y una carpa de 14 kg.

La verdad es que las pataletas de Oscar dieron sus frutos en ese puente que no olvidará.